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ESTUDIO DE GRABACIÓN Y RESIDENCIA PARA MÚSICOS EN IBIZA

El edificio se sitúa en un entorno virgen de Ibiza. La isla tiene una vegetación muy característica; por tanto, se tuvo muy en cuenta esta vegetación y las construcciones propias de la isla.


Se trata, en esencia, de una línea, un gesto simple y rotundo, que tiene tanta continuidad que llega a romperse por la fuerza que posee. Esta línea se presenta mediante dos muros limpios, formando un eje  de espacios secuenciales, una continuidad. No es un espacio monótono como la línea (sucesión de puntos), sino rico en espacios. Este eje es interrumpido en puntos clave por una sucesión de patios en contacto directo con la naturaleza. La longitud del edificio se hace amable a la escala humana.



El eje va del espacio más privado al más público, empezando por las habitaciones que tienen vistas al paisaje por medio de perforaciones en el muro. Entre diferentes usos se encuentran patios exteriores para hacer más funcional esta pieza.


La segunda pieza es más de trabajo, quedando perforada nuevamente por patios, que esta vez son más cerrados y con vegetación característica de la isla.

A continuación se pasa al espacio centro, el corazón del eje, la parte transitable perpendicularmente, la zona de entrada.



Un último patio da entrada al bloque en el que se encuentra la cafetería y zona de relax, la mirada a la piscina como continuación del eje que ha de perderse en el horizonte.

El eje perpendicular anteriormente mencionado que atraviesa el edificio nos lleva a otra pieza cuadrada dónde se ubica el comedor. Esta pieza dialoga con la línea como si fuese un punto.

Las dos piezas tienen la misma terminación y enmarcan el paisaje. Se utilizan los mismos materiales y los mismos colores siguiendo la arquitectura tradicional, rompiendo con el paisaje horizontalmente como contraposición a la edificación de la isla.